La modernización de la Salud Publica, Ecuador - 1908.

La salud pública como estrategia geopolítica: el caso ecuatoriano en 1908

Por: Juan Carlos Aguas Ortiz, Ph. D.
(Ciencia, Historia y Sociedad)

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A inicios del siglo XX, la configuración del sistema sanitario ecuatoriano estuvo marcada por el impacto de las conferencias sanitarias internacionales, especialmente tras la fundación de la Oficina Sanitaria Internacional en 1902. Este nuevo orden sanitario global tuvo una influencia decisiva en América Latina, donde las nacientes repúblicas intentaban articular sus sistemas de salud pública en consonancia con las exigencias de salubridad internacional y los intereses geopolíticos de potencias emergentes como Estados Unidos.

Este ensayo se propone analizar el proceso de modernización de la salud pública en Ecuador durante el año 1908, bajo el segundo mandato del General Eloy Alfaro. El interés radica en comprender cómo las recomendaciones internacionales se tradujeron en políticas estatales concretas, y cómo este proceso evidenció una forma de intervención estructural impulsada desde el exterior. El problema que se plantea es si la salud pública internacional fue simplemente una estrategia técnica o, más profundamente, un instrumento de poder geopolítico. El objetivo es explorar esta tensión y mostrar cómo Ecuador, en su intento de modernización, se convirtió también en un laboratorio periférico para las ideas sanitarias del centro. La tesis que se defiende es: la implementación de las recomendaciones sanitarias internacionales en Ecuador en 1908 evidencia que la salud pública funcionó como una estrategia de intervención estructural promovida por Estados Unidos, en el marco de un nuevo orden geopolítico hemisférico.

La consolidación de un nuevo régimen sanitario internacional

La fundación de la Oficina Sanitaria Internacional en 1902 fue el resultado de una creciente preocupación por las epidemias transnacionales y el comercio global. Este organismo propuso una visión de salud pública uniforme que debía ser aplicada por los estados adherentes, no solo como una obligación moral sino como una condición para participar en la economía mundial. En este marco, la III Conferencia Sanitaria Internacional (México, 1907) recomendó medidas que exigían una reorganización profunda de los sistemas de salud de los países latinoamericanos. Entre ellas, destacaba la centralización de la autoridad sanitaria y la creación de organismos nacionales capaces de responder de forma efectiva a las nuevas exigencias sanitarias globales. En Ecuador, estas recomendaciones encontraron eco inmediato en el gobierno liberal de Alfaro, que buscaba legitimar su proyecto modernizador.

La política sanitaria de Alfaro como proyecto modernizador

En 1907, el Dr. Juan Horacio Estévez —delegado ecuatoriano ante la conferencia internacional— presentó al presidente Alfaro las conclusiones del encuentro. En apenas un año, y mediante decreto ejecutivo, el gobierno ecuatoriano disolvió las antiguas juntas de salud locales y creó una Comisión Especial de Saneamiento. Esta comisión se constituyó en el primer organismo sanitario con criterios técnicos modernos y subordinación directa al poder central. Además, se incorporó asesoría técnica del Servicio de Hospitales de la Marina de los Estados Unidos, lo que permitió implementar medidas con rapidez, aunque también incrementó la injerencia extranjera. De esta manera, el Estado ecuatoriano se reconfiguró parcialmente en torno a los requerimientos de la salud pública internacional, lo cual fue percibido como un signo de modernidad, pero también como una cesión de soberanía técnica.

¿Saneamiento o soberanía?: una lectura crítica

Si bien se podría argumentar que la implementación de estas políticas respondió a una legítima necesidad sanitaria nacional, es necesario reconocer que la salud pública operó también como una forma de poder indirecto. Al condicionar el acceso al conocimiento técnico y al financiamiento a la adopción de modelos externos, Estados Unidos logró articular un campo de influencia regional sin recurrir a la ocupación directa. La relación entre Ecuador y la salud pública internacional muestra así una forma temprana de "soft power", en la cual el discurso médico se convirtió en un lenguaje de autoridad. Esta lectura crítica no niega los beneficios sanitarios obtenidos, pero advierte que el precio fue una reconfiguración de las prioridades nacionales en función de agendas foráneas. En este sentido, la salud pública internacional fue menos una ayuda desinteresada y más un dispositivo de integración vertical al nuevo orden hemisférico.

Conclusión

La experiencia ecuatoriana de 1908 permite observar con claridad cómo la salud pública internacional no solo introdujo cambios técnicos sino también reestructuraciones políticas. La implementación de la III Conferencia Sanitaria marcó un punto de inflexión en el papel del Estado frente a la salud, pero también evidenció el poder de los organismos internacionales y de potencias como Estados Unidos para orientar las decisiones internas de países periféricos. En lugar de ver este proceso únicamente como un paso hacia la modernización, conviene interpretarlo como parte de una estrategia geopolítica más amplia, en la que la medicina funcionó como instrumento de reorganización del poder regional. Comprender esta historia permite repensar el presente, donde aún persisten formas sutiles de dependencia estructural a través de mecanismos aparentemente técnicos.

Bibliografía
Delgado García, G., Estrella, E., & Navarro, J. (1999). El Código Sanitario Panamericano: hacia una política de salud continental. Revista Panamericana de Salud Pública, 6(5), 350-361.
Actas de la III Conferencia Internacional de las Repúblicas Americanas, celebrada en México del 2 al 7 de diciembre de 1907.